Apenas me mudé pensé en instalarles un bidet, de los que ponés solo la manguerita. Yo no uso, no fue enseñanza familiar limpiarse el culo con agua, pero pensé que ellas sí podían necesitarlo.
Varias entraron y no dijeron nada. Hasta que una gritó, desde el baño:
-¡No tenés bidet!
-¿Cómo que no tengo? Sï, dejame entrar que te muestro
Y le terminé de sacar los pantalones, acosté su espalda en el piso, las plantas de sus pies apoyadas en la cerámicas de la pared, y abrí la ducha.
Y aunque se mojó la remera y se quejó, después le gustó y todo.
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